Qué manera de llover, y qué manera de moverse en la lluvia.
Son días de amor y manta, y de ver su risa en el reflejo de una ventana con vistas al mar.
A veces, sin que lo sepa, la espero en los tejados,
como los gatos que esperan un milagro,
como el rico que espera ser saciado por la puta de la esquina del barrio.
Y es que tampoco sabe que la pienso, (ni se lo cree aunque se lo diga),
pero lo hago, la pienso
y se lo cree, aunque a veces sea mentira
Y me quiere en siete días, por si en treinta me olvida
Y me folla con su poesía aunque ella no sepa que la escriba.
La niña que nunca soñó con tacones y pintalabios.
"¿Qué te inspira?" Depende de las musas.
martes, 20 de enero de 2015
viernes, 16 de enero de 2015
La primera entrada siempre será mierda.
Me gustaba más cuando nuestra mierda era nuestra, cuando solo la creábamos y la recogíamos nosotras.
Ahora hay más mierda, mierda que alimenta a un monstruo, monstruo que vive en la mierda y el cual se procrea.
¿Qué hemos hecho?
Llegamos a un acuerdo, lo recuerdo y ya lo estoy olvidando.
–Yo soy tuya en el momento que esté a tu lado.
—Eres mía cuando estés conmigo.
Ahora hay un vertedero de grandes dimensiones que contiene nuestra mierda, la de los monstruos y la de éstos mismos.
–Me he cansado.
–Yo no quiero reconocerlo.
—Vaya mierda.
—Y que lo digas.
Somos jóvenes y no nos queremos dar cuenta de que las etapas más bonitas también se acaban.
—¿Y ahora qué hacemos con toda esta mierda?
—Recogerla para siempre. Decirle adiós a lo que creamos.
Adiós.
Ahora hay más mierda, mierda que alimenta a un monstruo, monstruo que vive en la mierda y el cual se procrea.
¿Qué hemos hecho?
Llegamos a un acuerdo, lo recuerdo y ya lo estoy olvidando.
–Yo soy tuya en el momento que esté a tu lado.
—Eres mía cuando estés conmigo.
Ahora hay un vertedero de grandes dimensiones que contiene nuestra mierda, la de los monstruos y la de éstos mismos.
–Me he cansado.
–Yo no quiero reconocerlo.
—Vaya mierda.
—Y que lo digas.
Somos jóvenes y no nos queremos dar cuenta de que las etapas más bonitas también se acaban.
—¿Y ahora qué hacemos con toda esta mierda?
—Recogerla para siempre. Decirle adiós a lo que creamos.
Adiós.
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